IA agéntica (II): agentes que compran y pagan por ti

Eric Angermair

Los agentes de IA ya no solo piensan: compran, pagan y deciden por ti. OpenClaw, Visa y la AI Act europea, y qué significa para las empresas andorranas.

Este artículo se publicó originalmente, en catalán, en El Periòdic d'Andorra el 27 de marzo de 2026. Léelo en el diario.

Un mes que lo ha acelerado todo

En mi artículo anterior advertía de que las pymes que no reaccionaran ante la IA agéntica se quedarían fuera del mercado. Era febrero. Ha pasado apenas un mes y el panorama se ha acelerado como pocos preveían. Los agentes de inteligencia artificial ya no se limitan a automatizar tareas internas. Están comprando productos, ejecutando pagos y tomando decisiones comerciales en nombre de personas y empresas reales. El debate ya no es si debemos adoptar agentes de IA, sino cómo orquestarlos con seguridad y sentido estratégico.

OpenClaw: el agente que ha dado la vuelta a la industria

Si las últimas semanas han tenido un protagonista indiscutible en el mundo de la inteligencia artificial, ese es OpenClaw. Creado por el desarrollador austriaco Peter Steinberger, este framework de código abierto ha superado las 247.000 estrellas en GitHub en apenas sesenta días, batiendo el récord que React había mantenido durante una década. Jensen Huang, consejero delegado de NVIDIA, lo ha comparado con un nuevo sistema operativo para la inteligencia artificial personal.

¿Qué hace a OpenClaw tan diferente? A diferencia de los chatbots a los que nos hemos acostumbrado, OpenClaw no genera texto: ejecuta acciones reales. Lee y escribe archivos, navega por internet, envía correos electrónicos, gestiona herramientas externas y automatiza flujos de trabajo complejos desde aplicaciones de mensajería como WhatsApp, Telegram o Discord. Y todo funciona en el propio equipo del usuario, lo que garantiza que los datos no salen de su control.

El fenómeno ha sido especialmente llamativo en China, donde la adopción ya duplica la de Estados Unidos según la firma SecurityScorecard. Baidu y Tencent han organizado jornadas de instalación masiva abiertas al público. En Pekín, cientos de personas hicieron cola en las oficinas de Baidu para que sus técnicos les instalaran OpenClaw en el portátil. En Shenzhen, Tencent repitió la iniciativa y atrajo desde estudiantes hasta jubilados. El propio Pony Ma, fundador de Tencent, reconoció en un mensaje privado que no esperaba que se volviera tan popular. Más de seiscientos millones de personas en China ya usan IA generativa, y OpenClaw se está convirtiendo en la puerta de entrada al siguiente nivel: el de los agentes autónomos que trabajan para ti las veinticuatro horas del día.

Sin embargo, este éxito viral trae consigo el problema del que ya avisaba en mi primer artículo: el Shadow AI. Un proyecto gratuito de esta potencia significa que cualquier empleado puede desplegar un agente autónomo sin ningún control de la empresa. El centro nacional de ciberseguridad chino ha detectado que los activos de casi veintitrés mil usuarios de OpenClaw estaban expuestos a internet. Y en Europa, Cisco ha identificado habilidades maliciosas en el repositorio comunitario que robaban datos sin que el usuario lo supiera.

Cuando los agentes compran por ti: Visa y el comercio agéntico

Quizá el avance más relevante de este mes no viene del software, sino de los pagos. Visa ha lanzado su programa Visa Agentic Ready, pensado para que los bancos europeos prueben transacciones iniciadas por agentes de IA. Veintiuna entidades se han inscrito en la primera fase, entre ellas Barclays, HSBC, Santander, Revolut y Commerzbank. Y no es teoría: Banco Santander ya ha completado la primera compra de principio a fin ejecutada por un agente de IA en cinco países de Latinoamérica, sin intervención humana en el pago.

Según Visa, casi la mitad de los consumidores estadounidenses ya usa herramientas de IA para tareas de compra. La previsión es que millones delegarán compras completas en agentes antes de la Navidad de 2026. Para las empresas andorranas, la consecuencia es directa: si un agente decide dónde compra su usuario, el marketing tradicional ya no basta. Habrá que optimizar la presencia digital no solo para las personas, sino también para los algoritmos que guían las decisiones de compra de esos agentes.

La seguridad como nuevo estándar competitivo

Las grandes tecnológicas han entendido que la adopción masiva de agentes sin medidas de protección es insostenible. NVIDIA ha presentado NemoClaw, una capa de seguridad para entornos OpenClaw que funciona como un recinto vigilado: cada acción del agente se ejecuta en un espacio aislado, con acceso restringido a archivos y conexiones de red, y con aprobación obligatoria para las operaciones sensibles. Galileo ha lanzado Agent Control, un estándar abierto de gobernanza, y Cisco ha presentado DefenseClaw, que analiza cada herramienta del agente antes de permitir su uso. El dato que comparte Cisco es revelador: aunque el 85% de las empresas experimenta con agentes, solo un 5% los ha puesto en producción. El motivo principal es la seguridad.

El reloj regulatorio: agosto de 2026

El 2 de agosto de 2026 es la fecha en la que la mayoría de las obligaciones de la Ley de Inteligencia Artificial de la UE entran en vigor para los sistemas de alto riesgo. Las sanciones pueden llegar a treinta y cinco millones de euros o al siete por ciento de la facturación global. Es cierto que se ha propuesto una posible prórroga hasta 2027, pero todavía no es firme. Lo prudente es tratar agosto de 2026 como fecha límite.

Para Andorra, que aspira a posicionarse como hub tecnológico y se acerca al marco normativo europeo, esta regulación es una oportunidad. Las empresas que adopten voluntariamente estándares de gobernanza alineados con la AI Act estarán mejor situadas para trabajar con clientes y socios europeos.

La confianza como nueva moneda

El mensaje de este mes de marzo es rotundo. La IA ha dejado de ser una herramienta de productividad individual para convertirse en infraestructura operativa que redefine cómo se compra, se vende y se compite. El éxito no depende del modelo más grande ni de la tecnología más cara, sino de la capacidad de orquestar agentes con una gobernanza sólida y de tratar la seguridad como una ventaja competitiva.

No se trata de sustituir personas por máquinas. Se trata de ampliar la capacidad de decisión y de ejecución de cada organización con agentes digitales bien gobernados. Y esa ampliación solo es sostenible cuando se basa en conocimiento, estrategia y responsabilidad. No en las prisas por no quedarse atrás.

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